martes, 2 de mayo de 2017

Venezuelans head back to streets



Como venezolano, lo menos que me pasa por la cabeza es sentirme orgulloso de mi venezolanidad.

No somos el mejor país del mundo como me lo vendían hace tiempo.

No somos los mejores ciudadanos, ni los más amables, mucho menos los más solidarios; es más, si te descuidas ese venezolano que tienes al lado te roba; si infringes una ley el policía te martilla, si necesitas agilizar un documento el funcionario te matraca; si cometes un error, el prójimo te señala y si te hacen un favor te lo cobran; si piensas diferente el presidente te degrada y si no vas a marchar el jefe te amenaza, si no tienes la medicina que con urgencia necesitas no faltará un emprendedor en el hospital que te ofrezca un negocio, si no tienes el carnet de la patria no te dan la miserable bolsa clap que compran a sobreprecio con nuestro petróleo; si tienes un cargo no necesitas conocimiento y si tienes un familiar ministro no necesitas ni siquiera trabajar, si no enrejas tu casa como una cárcel no podrás dormir tranquilo ni tener libertad y si algo le pasa a tu carro mientras duermes nadie vio nada aunque todos saben quién fue; si te va bien te llama un pran para sobornarte y si no te bajas bien bajado de la mula te joden bien feo. Tu trabajo no vale lo que pagan en cualquier parte del mundo y la vida vale aún mucho menos. ¡Te matan y sobrarán lamentos!, solo eso.

Pero hay esperanza, esa no me la quita nadie. Venezuela es el país donde nací y es lo que soy, desde que me levanto hasta cuando me emborracho. Las 24 horas del día, los 365 días del año. Soy venezolano y quisiera algún día sentirme orgulloso de eso.

Fuerza y más fuerza a los que cada día salen a la calle a protestar y a literalmente jugarse la vida por un mejor país, el país que ellos más que nadie se merecen. 

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