Mostrando entradas con la etiqueta resistencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta resistencia. Mostrar todas las entradas

miércoles, 1 de mayo de 2019

País roto


País roto. Pasaporte roído. Moral ajada, más de mil veces, como rompecabezas: vuelta a armar.

Ciudadanía rota. Venezolanidad que hiere, desvela, duele, atormenta: esta generación, la mía, la tuya; somos fantasmas en el exilio, zombis en la patria (o viceversa). Miradas que se cruzan en el mapa y se cuentan la historia sin necesidad de hablar.

Cotidianidad rota. Monotonía convulsionada. Vamos por el mundo llorando en silencio, heridos de muerte: como negando nuestro destino. A nuestro alrededor todo luce normal, imposible que nos entiendan, en vano sería tratar de explicar.

Memoria rota. Libres por unos segundos, alegría efímera, la esperanza se diluye cuando el audio de whatsapp llega a su final. Paranoicos de tanto desear.

Ve-ne-zue-la rota. Silabas que no riman a menos que se vuelvan a juntar. Disonante para quienes tenemos la dicha de la venezolanidad. Nosotros nos entendemos.

Esperanza rota. Terca. Como las plantas muertas por la sequía. Al mínimo tiempo favorable, llovizna, rocío: vuelve a germinar. ¡Pesimistas si, negativos jamás!

Fe rota. No sabemos a qué Dios rezar. Pero oramos, desde adentro, diáfanos de tanto ´practicar.

Familia rota. Duelo por las redes sociales. Esta cruz que llevamos nos quiebra por momentos, nosotros tan guerreros; hay días en que no nos queremos levantar.

Corazón roto. Como el de los chamos muertos en las protestas. Duele más su juventud fallida que mi vida sin desventuras.

jueves, 22 de junio de 2017

Resistencia


No hay manera de escapar de esto, por muy lejos que te encuentres, por muchas películas del holocausto o documentales de dictaduras que hayas visto, por mucho libro o poesía desgarradora que recites; por mucha anécdota que tu abuelo te haya contado.

Esta masacre me ha puesto a seguir mártires en las redes sociales. A buscar si tenían una cuenta en Instagram o twitter para saber más de ellos, de su pasado, de cuánto pesaban, del por qué luchaban. Y al rato me doy cuenta de que no soy el único, de que hay un montón de gente haciendo lo mismo. Y ahí nos encontramos, deseándoles la gloria de Dios, aun sobre su cadáver tibio, cuando la ternura de sus ideales no ha terminado de desvanecerse y la inocencia de sus sueños es lo único a lo que aferrarse.

Las más sensibles le lloran como si le hubiesen parido, aunque en vida no le conocían. Los más rebeldes sienten que la única manera de hacerles justicia es yendo al frente de la próxima protesta, a sabiendas de que uno de ellos puede ser el próximo; con la certeza de que el nombre de uno de ellos será el que llene de luto las redes sociales al día siguiente. Porque esta represión es tan macabra que asesina a nuestros chamos de uno en uno, para que no te encariñes con ninguno, para que tú zozobra se haga contagiosa y tu mente asimile que siempre puede ser peor. ¡Ni las mascotas están a salvo!
Tampoco falta el miserable que anda en lo mismo aunque con diferente propósito. Hurgando en el perfil de la víctima, pero con la intención de venir a justificar su muerte, a tratar de ensuciar su memoria (como si eso fuera posible), a burlarse de quienes lo lamentan, a querer convertir esta tragedia en una comedia de mal gusto.


No fue así como nos enseñaron que las historias terminaban, con los precoces héroes bajo tierra mientras sus madres aquí arriba, desgarradas, llorándoles.

Fuente foto: https://resistenciav58.wordpress.com